Neoliberalismo y heladerías: a propósito del conflicto con Grido en Rosario
El año pasado, cuando en una de sus magistrales clases, el profesor Fernando Aguirre explicó más o menos así el por qué de la creación de las secretarías de Producción y Desarrollo locales, que se dio como consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales:
Cuando se empieza a aplicar el neoliberalismo, se suponía que los Estados no debían meterse en los temas económicos. Entonces, pasara lo que pasara, los gobiernos debían mantenerse alejados de cualquier cuestión. ¿Qué pasó? Que la gente empezó a tener problemas, no era tan así como decían algunos… Entonces, ¿qué hicieron? Debieron ir a tocarle la puerta al intendente. Y el intendente les preguntó: “Pero ¿cómo? No era que no nos teníamos que meter”. Entonces se crearon estas dependencias, que lo que hacen es intentar ayudar en el desarrollo de las economías locales, de la manera en que se pueda.

Pues bien, tal vez sea un poco rebuscado esto, pero en estos últimos días se desató una suerte de debate en Rosario que bien podría mostrar (por suerte) que el neoliberalismo se encuentra en vías de extinción -al menos por estas latitudes-.
Resulta que nuestra ciudad es conocida como la “capital nacional del helado artesanal”. Así como hay otras que se distinguen por ser “capital nacional de la cebolla” o “centro geográfico de la República Argentina”, entre otras denominaciones, la nuestra se destaca por ser cuna de muchas heladerías familiares, que elaboran sus productos de forma muy tradicional, con un sabor exquisito.
Esto se mantuvo así desde hace mucho tiempo. De hecho, hubo empresas de otros pagos que intentaron llegar a Rosario, con poco éxito, como el caso de Sei Tu o Freddo. Es que el paladar del público local estaba muy acostumbrado al helado de Esther, Bajo Cero (mi preferido, por lejos. Dulce de leche de la casa con chantilly con frutillas), Smart o Aruba. Entonces, que no nos vengan con helados de afuera, que se dejen de joder.
Resulta que sobre finales del año pasado, la cadena de heladerías cordobesas Grido puso la mira aquí, y pisó fuerte: en menos de un mes se abrieron 14 sucursales en distintos puntos de la ciudad, principalmente sobre calles o avenidas de gran circulación (como 27 de Febrero o San Martín), pero con la diferencia de instalarse en regiones más periféricas, donde en algunos casos había de las tradicionales heladerías rosarinas, y en otros casos no.
Hasta ahí todo más o menos bien. El tema es que Grido puso el kilo de helado a $18, cuando tradicionalmente se lo vendía arriba de los $25 o $30 (en algunos lugares llegaba a los $40). Y entonces un gran público se volcó a esta oferta, que no se acerca -así pienso en lo personal- en cuanto a calidad, pero sin dudas significaba una solución para muchas familias que no podían afrontar el costo de comprar en las cadenas locales.
Desde la Cámara empresaria local, pusieron el grito en el cielo, pero no se les brindó una respuesta muy fuerte, ya que , hasta ahí, Grido no había incumplido con ninguna norma: ni con el precio, ya que nada estipula la cifra, ni con la cantidad de locales, ya que de hecho había otras heladerías que tenían más bocas en la región.
Aclaremos antes de seguir, que Grido logra ubicar el precio del kilo en $18 porque cuenta con una inmensa fábrica en Córdoba que produce una cantidad enorme, para ser despachada en las más de 400 sucursales que tiene la firma en todo el país y Chile.
Desde siempre, el plan de Grido fue expandirse lo más posible. Nunca dudaron en decir que la intención era llegar a 40 locales en toda la ciudad y el área metropolitana. Pero como todavía no se había concretado, no hubo demasiado ruido en el mercado.
Sucede que por estos días, la tradicional heladería Hamburgo, ubicada en barrio Alberdi, debió bajar las persianas, acusando la merma en las ventas a la llegada de una Grido en las cercanías. Y fue entonces cuando la Cámara se decidió a volver a la protesta, la cual fue ahora escuchada.
El tema se está debatiendo, y la idea de la entidad empresaria, que cuenta con el aval del sector político, es limitar la cantidad de sucursales, de alguna manera regular el mercado. Y eso nadie lo discute, por más mal que le caiga a los cordobeses: está bien que se regule el mercado. El mercado no puede con todo. O sí, puede pero no es beneficioso para la gente. No es por ser catastrófico, pero es factible que muchas heladerías locales tengan que cerrar por la poca asistencia del público.
La moraleja de la cuestión es que siempre es necesario que el Estado intervenga. Hasta para las cuestiones más menores, es indispensable que el poder público regule lo que pasa, que no deje todo a mano del “Deus Mercado” (como lo definió Lula).

Aclaro antes de empezar: estoy 100% a favor del matrimonio gay (y lo llamo así simplemente porque de esa manera se ha instalado en el debate público, porque me parece más feliz llamarlo “matrimonio igualitario”), por lo que quien espere encontrar en este texto algún elemento contrario a la ley que fue aprobada en Diputados, no lo hará.
En el día de ayer tuve la suerte de asistir a una recorrida de prensa, junto a distintos medios del interior del país -entre los que se hallaban varios rosarinos-, organizada por el ministerio del Interior y conducida por el número uno de la cartera, Florencio Randazzo. Se realizó primero una visita a la fábrica de los nuevos DNI en el barrio de Parque Patricios, luego a un Centro de Documentación Rápida en Paseo Colón (foto), para finalizar en un almuerzo en un hotel céntrico, en donde el funcionario brindó respuestas a los más diversos temas durante más de 90 minutos.
Si me preguntabas cuando tenía 12, 14 años qué quería hacer con mi vida, te contestaba con el slogan entero: “Quiero trabajar en LT8 Radio Rosario, la emisora más importante del interior del país”. Es la época en que el edificio de la radio era una vieja casona en Córdoba 1825, antes del incendio.
En algún kiosco de diarios en Rosario…