Néstor Kirchner (1950-2010)

Con Néstor Kirchner, se fue el único presidente que, durante mi presencia en esta vida, no me defraudó. Llegó sin ser nadie prácticamente: sólo un gobernador patagónico que Duhalde había decidido apoyar para continuar con la recuperación del país que comenzó a evidenciarse post crisis de 2001. Recuerdo que me sorprendió gratamente las primeras políticas relacionadas a los Derechos Humanos, la renovación de la Corte (la única referencia anterior que yo tenía de este cuerpo era que habían liberado a Ménem de la cárcel, gracias a que justamente los jueces “respondían” a él), el enfrentamiento verbal con el Fondo Monetario Internacional, entre otras.

Me parecía increíble que un presidente vaya a la sede de la ESMA y descolgara el cuadro de los genocidas. Esos sátrapas que hundieron al país por fin se los castigaba como debía hacérselos, y se revertía eso de “ya está, ya pasó, miremos para adelante”.

Sobre todo coincidí con Néstor en las palabras. Cada uno de los sectores a los que se enfrentaba eran símbolos de aquello contra lo que me oponía. Se opuso a la Iglesia (a la que repudio por sus complicidades con la dictadura), a los militares (por obvias razones), a las grandes empresas (que siempre “están del lado del país” pero nunca lo manifiestan con los argentinos), a los medios hegemónicos. En fin, a tantos grupos que yo históricamente estuve en contra.

Del otro lado, quienes rodearon a él y Cristina siempre fueron los que apoyé desde siempre. Las Madres y Abuelas, los artistas populares, los dirigentes barriales, los obreros, las Pymes, Latinoamérica y tantas otras.

Coco Silly dijo hoy con Víctor Hugo que Néstor le había devuelto la posibilidad de la lucha por los ideales (”tenía guardada las banderas y me las hizo sacar”). Creo que me pasó algo parecido. Luego de que transcurrieran los 90, pensé que nunca ibamos a poder sacarnos de encima al Fondo, a los Estados Unidos, a la presión de las corporaciones internacionales que nos decían qué teníamos qué hacer, sin importar la salud y el bolsillo de los argentinos.

Pensaba que los políticos hacían política sólamente para robar, y no por convicciones. Pensaba que el peronismo era un movimiento horrible, plagado de corrupción, de mala leche, de deslealtades… Con Néstor muchas de estas cosas se dieron vuelta y me ayudaron a creer que sí se podía hacer un país mejor, hermanado con Latinoamérica (y no con Europa, espejo de los sectores altos de la sociedad), con un pensamiento nacional y popular, que llegue hasta el último orejón del tarro.

Lo que viene ahora es incierto. Tengo esperanzas que nuevamente la Presidenta me sorprenda gratamente y tenga las fuerzas suficientes para hacer del dolor el combustible necesario para seguir adelante y profundizar un modelo económico que permitió a la Argentina tener el mayor período de crecimiento de su historia. Esto sólo se sabrá con el correr del tiempo, hoy sólo me queda decir “Gracias Néstor. Fuerza Presidenta!”.

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Contra la estupidización de la pantalla

A continuación les dejo una muy buena nota publicada en la última edición de Cruz del Sur. Se trata de una entrevista con Tristán Bauer, presidente de Radio y Televisión Argentina (RTA), realizada por el periodista Guillermo Acrich. Muy interesantes declaraciones en relación al rol que debe cumplir el Estado en materia de contenidos audiovisuales, trazando una perspectiva histórica que hace eje en el despilfarro noventoso y la situación actual.

“Canal 7 parecía un tacho de basura”
El cineasta y presidente de Radio Televisión Argentina, Tristán Bauer, participó en la ciudad de Santa Fe del lanzamiento de la nueva programación de Radio Nacional. En ese marco, habló con Cruz del Sur sobre cuáles son los objetivos que se impuso para gestionar los medios públicos, criticó al monopolio Clarín por vender el concepto de que todo lo oficial “es negativo” y anunció que en las próximas semanas habrá dos nuevos canales del Estado, uno dedicado a los chicos y el otro será de cine.

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Caso Fibertel: ¿Paso en falso?

Ojalá me equivoque, pero creo que el Gobierno dio un gran paso en falso por estas horas, al “eliminar” de golpe y porrazo la empresa Fibertel, proveedora de internet del Grupo Clarín.

Tal vez, viendo las cosas con la más pura ingenuidad, la firma haya incurrido en alguna maniobra ilegal (el Gobierno denuncia que hubo un ilícito en el proceso de fusión que se realizó hace unos cuatro años), pero de todas maneras había otras formas de avanzar. Pero, en una conferencia de prensa, que el ministro de Planificación salga a decir que “Fibertel no existe más” y que el casi millón y medio de usuarios debe escoger otro proveedor, definitivamente no es lo adecuado.

En su lucha por desgastar al máximo posible la compañía comandada por Magnetto, el Ejecutivo nacional ha tomado ya varias medidas, con las cuales muchos coincidimos, como lanzar la Ley de Medios, investigar el origen de Papel Prensa o volver atrás la fusión de Multicanal y Cablevisión. Sin embargo ahora, la cosa es distinta: de buenas a primeras se decide que una empresa desaparezca del mercado, sin haber “calentado la cancha” previamente. Digo, sin haber advertido públicamente que esto podría llegar a pasar.

El anuncio de De Vido de este mediodía tiene varios puntos por donde pueden colarse críticas: el primero (y que sonará más en los medios sin lugar a dudas) es el problema que les generará a los usuarios de Fibertel, que tendrán que salir a buscar otra empresa en menos de tres meses; esto último genera que, en un plazo de 90 días, la red tenga que soportar el cambio de conexión de un millón y medio de líneas, algo que -aseguran algunos especialistas- haría colapsar el sistema; lo tercero, es que se deja el campo allanado para que se forme un monopolio, ya que sólo podrían operar (a gran escala) Telecom (Arnet) y Telefónica (Speedy); y por último, y lo deje en este lugar porque considero que es el que menos me importa, es el hecho de la coerción de la libertad de mercado, endiosada por muchos.

No le veo el punto, sinceramente. ¿Qué gana el Gobierno con esto?

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Neoliberalismo y heladerías: a propósito del conflicto con Grido en Rosario

El año pasado, cuando en una de sus magistrales clases, el profesor Fernando Aguirre explicó más o menos así el por qué de la creación de las secretarías de Producción y Desarrollo locales, que se dio como consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales:

Cuando se empieza a aplicar el neoliberalismo, se suponía que los Estados no debían meterse en los temas económicos. Entonces, pasara lo que pasara, los gobiernos debían mantenerse alejados de cualquier cuestión. ¿Qué pasó? Que la gente empezó a tener problemas, no era tan así como decían algunos… Entonces, ¿qué hicieron? Debieron ir a tocarle la puerta al intendente. Y el intendente les preguntó: “Pero ¿cómo? No era que no nos teníamos que meter”. Entonces se crearon estas dependencias, que lo que hacen es intentar ayudar en el desarrollo de las economías locales, de la manera en que se pueda.


Pues bien, tal vez sea un poco rebuscado esto, pero en estos últimos días se desató una suerte de debate en Rosario que bien podría mostrar (por suerte) que el neoliberalismo se encuentra en vías de extinción -al menos por estas latitudes-.

Resulta que nuestra ciudad es conocida como la “capital nacional del helado artesanal”. Así como hay otras que se distinguen por ser “capital nacional de la cebolla” o “centro geográfico de la República Argentina”, entre otras denominaciones, la nuestra se destaca por ser cuna de muchas heladerías familiares, que elaboran sus productos de forma muy tradicional, con un sabor exquisito.

Esto se mantuvo así desde hace mucho tiempo. De hecho, hubo empresas de otros pagos que intentaron llegar a Rosario, con poco éxito, como el caso de Sei Tu o Freddo. Es que el paladar del público local estaba muy acostumbrado al helado de Esther, Bajo Cero (mi preferido, por lejos. Dulce de leche de la casa con chantilly con frutillas), Smart o Aruba. Entonces, que no nos vengan con helados de afuera, que se dejen de joder.

Resulta que sobre finales del año pasado, la cadena de heladerías cordobesas Grido puso la mira aquí, y pisó fuerte: en menos de un mes se abrieron 14 sucursales en distintos puntos de la ciudad, principalmente sobre calles o avenidas de gran circulación (como 27 de Febrero o San Martín), pero con la diferencia de instalarse en regiones más periféricas, donde en algunos casos había de las tradicionales heladerías rosarinas, y en otros casos no.

Hasta ahí todo más o menos bien. El tema es que Grido puso el kilo de helado a $18, cuando tradicionalmente se lo vendía arriba de los $25 o $30 (en algunos lugares llegaba a los $40). Y entonces un gran público se volcó a esta oferta, que no se acerca -así pienso en lo personal- en cuanto a calidad, pero sin dudas significaba una solución para muchas familias que no podían afrontar el costo de comprar en las cadenas locales.

Desde la Cámara empresaria local, pusieron el grito en el cielo, pero no se les brindó una respuesta muy fuerte, ya que , hasta ahí, Grido no había incumplido con ninguna norma: ni con el precio, ya que nada estipula la cifra, ni con la cantidad de locales, ya que de hecho había otras heladerías que tenían más bocas en la región.

Aclaremos antes de seguir, que Grido logra ubicar el precio del kilo en $18 porque cuenta con una inmensa fábrica en Córdoba que produce una cantidad enorme, para ser despachada en las más de 400 sucursales que tiene la firma en todo el país y Chile.

Desde siempre, el plan de Grido fue expandirse lo más posible. Nunca dudaron en decir que la intención era llegar a 40 locales en toda la ciudad y el área metropolitana. Pero como todavía no se había concretado, no hubo demasiado ruido en el mercado.

Sucede que por estos días, la tradicional heladería Hamburgo, ubicada en barrio Alberdi, debió bajar las persianas, acusando la merma en las ventas a la llegada de una Grido en las cercanías. Y fue entonces cuando la Cámara se decidió a volver a la protesta, la cual fue ahora escuchada.

El tema se está debatiendo, y la idea de la entidad empresaria, que cuenta con el aval del sector político, es limitar la cantidad de sucursales, de alguna manera regular el mercado. Y eso nadie lo discute, por más mal que le caiga a los cordobeses: está bien que se regule el mercado. El mercado no puede con todo. O sí, puede pero no es beneficioso para la gente. No es por ser catastrófico, pero es factible que muchas heladerías locales tengan que cerrar por la poca asistencia del público.

La moraleja de la cuestión es que siempre es necesario que el Estado intervenga. Hasta para las cuestiones más menores, es indispensable que el poder público regule lo que pasa, que no deje todo a mano del “Deus Mercado” (como lo definió Lula).

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A propósito de la discusión por el matrimonio gay

35572_441792830725_203618305725_6232868_1756161_nAclaro antes de empezar: estoy 100% a favor del matrimonio gay (y lo llamo así simplemente porque de esa manera se ha instalado en el debate público, porque me parece más feliz llamarlo “matrimonio igualitario”), por lo que quien espere encontrar en este texto algún elemento contrario a la ley que fue aprobada en Diputados, no lo hará.

Es curioso como una y otra vez, a lo largo de la historia, la Iglesia se ha manifestado en contra de la evolución de muchos derechos civiles. Lo decía Víctor Hugo Morales ayer en su programa de radio, lo mencionaba algún periodista que no recuerdo esta semana: cuando fue el debate por la ley del divorcio (sin duda: uno de los avances más importantes que se produjo en la era alfonsinista), se decía que era “el fin de la familia”. Increíble.

¿Qué quedará para decir entonces del pedido de perdón que realizó la Santa Sede en 1992 hacia Galileo, nada más ni nada menos que 376 años más tarde de haberlo condenado por hereje? Perdón, me fui de tema. Pero quería decirlo.

“El fin de la familia”. ¿Qué familia? Desde distintos ámbitos académicos se ha marcado la evolución que han vivido estos sistemas, donde ya el padre no es el núcleo que todo lo puede, y la mujer que nada hace, y los hijos que obedecen, o demás mandatos que parecen venir desde la Edad Media, pero que algunos se atreven a defender. ¿En dónde está escrito que una familia se compone por un padre, una madre y sus hijos? Tal vez en un gran número de libros lo está, pero estoy seguro que habrá otros donde esté integrada de otra manera. ¿Y por qué se le debe dar mayor atención a una teoría que a otra?

Como nadie elige su familia, pienso que nadie debe elegir la familia de otro. Cuando escucho los pobres y tristes argumentos en contra de la ley que está siendo debatida en el Congreso, considero que son personas que no piensan. Lo digo sinceramente, y se que ese argumento es más pobre aún que el de ellos, pero es que no me entra en la cabeza la idea de que una persona pueda atreverse a emitir opinión sobre “cómo crecerá el niño en un ambiente homosexual”, con lo azarosa que es la existencia humana.

Sobran los ejemplos de homosexuales que han crecido en ambientes heterosexuales (la mayoría indudablemente). Entonces, siguiendo esa teoría: sobrarán los ejemplos de heterosexuales que crecerán en ambientes homosexuales. ¿A dónde está el problema? ¿O acaso los ambientes heterosexuales no fueron los que engendraron las grandes bestias que le han causado tanto mal a la Sociedad? Desde Videla hasta Hitler, por poner ejemplos contrapuestos desde el punto de vista geográfico, todas esas personalidades que han marcado la historia del mundo han sido concebidos con padres y madres. ¿Y?

Otra cuestión: en su gran mayoría, los hombres y mujeres homosexuales demuestran un respeto por la vida y por los derechos del otro infinitamente mayor que el de muchos heterosexuales. Entonces digo que bienvenido el mundo de los homosexuales, el mundo será muchísimo mejor. Tal vez sea muy exagerado ello, pero de seguro que estará lejos del apocalipsis que profesan algunos.

No tengo demasiado para agregar. Simplemente quería sumar una humilde opinión, para ayudar al debate, para lograr que la Sociedad avance, en una oportunidad única que tiene el país para dar un salto cualitativo hacia adelante, en la lucha por lograr una ciudadanía más libre e igualitaria en la Argentina.

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Sobre cómo se inventa la calidad institucional de un país

Tenía ganas de volver a escribir a propósito de los festejos del Bicentenario, pero lo que viví hoy a la mañana fue más fuerte y determinante. Paso a comentarlo.

Se presentó en la sede de Fundación Libertad (para quienes no son de Rosario, o no están al tanto, es una organización que defiende el pensamiento neoliberal a rajatabla) el Índice de Calidad Institucional (ICL) 2010, en el cual se evalúan -ya se verá cómo- distintos componentes políticos y económicos que hacen a un país, y a partir de allí se elabora un ránking, en el cual Argentina se encuentra en el puesto 120, sobre un total de 192 naciones.

Entrevista de rigor, y Martín Krause, el director de la entidad que hizo el ICL, me explica qué es lo que se toma en cuenta para hacerlo: “Se tienen en cuenta elementos tales como la vigencia del derecho, el funcionamiento de la democracia, la corrupcion, la libertad de prensa, la facilidad para hacer negocios, la libertad economica y la competitividad del país a nivel global, entre otros”.

Bien, hasta ahí todo bien, obviamente teniendo en cuenta que habrá que ver qué se quiere decir con, por ejemplo, “libertad de prensa” o “facilidad para hacer negocios”. Pero bueno, cada cual con su opinión.

Ahora, cuando pregunto sobre algún ejemplo concreto en el que se vislumbra la tan pésima posición de Argentina en el mundo, Krause aduce el “conflicto” por las importaciones con Brasil, que, tal como fue el supuesto cierre de las exportaciones de carne, se trató de una operación de prensa del multimedio para favorecer intereses sectoriales por encima de los nacionales. La misma Cristina Fernández viajó hacia aquél país la semana pasada, se reunió con Lula y dijo “no hubo ni habrá ningún freno a las importaciones”.

Otro de los ejemplos fue el conflicto que surgió a raíz del cierre temporario de las exportaciones de aceite de soja a China, que gracias a gestiones realizadas por Cancillería, no prosperaron, y sigue siendo hoy día nuestro país el principal cliente para el gigante asiático.

Es decir, los dos ejemplos puestos en consideración carecen de acidero en la realidad. Uno nunca llegó a existir y el otro fue resuelto en menos de 15 días, sin ningún tipo de consecuencias para el sector granario nacional. Entonces digo, ¿es confiable este ICL?

Para responder esto, Krause afirma que su ICL está cruzado con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas, una medida comparativa de la esperanza de vida, alfabetismo, educación y niveles de vida de todas los países que integran la ONU. Pero valla paradoja: en el ránking que hace Naciones Unidas, Argentina está entre las 50 mejores, ocupando el puesto 49. Por otro lado, ninguno de los países que están entre los cinco mejores del ICL, ocupan una posición similar en el IDH. ¿Entonces?

Sinceramente, no dudo de la honestidad intelectual del personal que elaboró el ICL, pero tenemos que saber que cuando se habla de “calidad institucional”, el ojo que lo mide es absolutamente subjetivo, y lo hace a partir de los intereses personales o sectoriales a los cuales representa (en este caso, el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina -CIIMA-).

En su sitio web, CIIMA se presenta como una institución cuyo principal objetivo es difundir la importancia que tiene la libertad de mercado “para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”.

No más preguntas, señor Juez.

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Después de esto, ¿qué?

Parece ser que “se ha instalado” en el ambiente periodístico un rumor tan banal como propicio para la coyuntura actual: existe la posibilidad que haya un atentado contra el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.

Veamos cómo empezó todo esto: primero fue un texto del periodista Christian Sanz, director del portal Tribuna de Periodistas (”un medio de información completo y objetivo”, según se auto definen en su sitio web), quien expresó que el ex presidente Néstor Kirchner afirmó en una reunión el pasado 16 de abril “hay que matar a Cobos”. El artículo aclara que se trata de una “defenestración, no un asesinato”.

La nota se jacta de pertener a la categoría “investigación”, pero cuando uno la analiza, se encuentra con que se vale tan sólo de “dos importantes asesores de segunda línea que estuvieron presentes”. El cruzamiento de datos, el contraste de fuentes y otras fundamentales herramientas del periodismo de investigación parecen haber sido olvidadas por Sanz.

El rumor siguió con las declaraciones del titular de la Convención Nacional de la UCR, Hipólito Solari Yrigoyen, a FM Millenium, en donde expresó su “preocupación” ante la posibilidad de que un “exaltado del Justicialismo” atente contra el número dos del Poder Ejecutivo.

“Estoy preocupado porque el país está viendo una escalada en los insultos, las descalificaciones, los reiterados pedidos de renuncia que parten de miembros del oficialismo hacia el vicepresidente”, señaló Solari Yrigoyen.

Muy bien, hasta ahí los sustentos del rumor.

Ahora me pregunto, ¿se puede avalar una versión tan falta de argumentos? Digo: ¿no hay nada más importante que discutir en los medios que darle aval a esto?

Uno no es tonto y sabe que existe una actitud de parte de los monopolios informativos, de atacar por izquierda y derecha al kirchnerismo, con lo cual definitivamente no sorprende esta nueva jugada. Pero uno ha perdido la capacidad de sorpresa, indudablemente. ¿Qué vendrá después?

Por otro lado, quiero expresar mi humilde opinión acerca de la manifestación que se viene pidiendo la reuncia de Cobos. Me parece que si los sectores afines al oficialismo repudiaron, y con razón, todo intento de desestabilización, corresponde un acto de honestidad y no abogar constantemente por la dimisión. Creo que, de suceder ello, debería venir desde el propio radical, fundado en su ética y moral, de actuar de una manera pero estar en una situación que normalmente no se lo permitiría.

Los actos hacen a los hombres, y el electorado argentino sabrá valorar, positiva o negativamente, la actitud de Cobos durante este tiempo.

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Ejemplo práctico para explicar la nulidad de conceptos como Objetividad e Independencia en el periodismo

Una de las consecuencias más importantes del debate que se viene sosteniendo en torno al rol de la prensa en la actual coyuntura es, estimo, la caída de ciertos conceptos, tales como la objetividad periodística o el periodismo independiente. Desde cualquier lugar que se mire la disputa entre gobierno y monopolios mediáticos, existen desinformaciones, mentiras, manipulaciones, que tergiverzan la realidad, para contruir una alternativa, acorde a los intereses de tal o cual sector.

Digo esto a propóstio de algo que me sucedió a mí, personalmente, entre ayer y hoy. Pido disculpas por esto, pero creo que el hecho que me haya pasado a mí (y no a otro), me autoriza a hablar con criterio de verdad, porque realmente lo viví. Luego vendrá la parte en que puedan creerse o no las cosas que digo, pero si hay algo que no puedo hacer es mentir. Como dicen en el programa “En el medio”, de canal Encuentro: “Esta es nuestra versión de la realidad, y nosotros te la contamos”.

En el día de ayer tuve la suerte de asistir a una recorrida de prensa, junto a distintos medios del interior del país -entre los que se hallaban varios rosarinos-, organizada por el ministerio del Interior y conducida por el número uno de la cartera, Florencio Randazzo. Se realizó primero una visita a la fábrica de los nuevos DNI en el barrio de Parque Patricios, luego a un Centro de Documentación Rápida en Paseo Colón (foto), para finalizar en un almuerzo en un hotel céntrico, en donde el funcionario brindó respuestas a los más diversos temas durante más de 90 minutos.

Ahora bien, lo que quiero marcar es qué lectura, cómo se relató, lo vivido ayer por los distintos medios locales que estuvieron presentes. Qué fue lo que se jerarquizó, que fué lo que se dijo y, lo más grave, qué fue lo que se “invisibilizó”, y veremos como ciertamente esto tiene que ver con cuestiones políticas y económicas, que harían caer todo tipo de dogmas del estilo de la mencionada objetividad periodística.

En líneas generales, La Capital, Punto biz, ON24 e Impulso Negocios reflejaron en sus notas principales las declaraciones de Randazzo a propósito del debate sobre la reforma fiscal en Santa Fe. Con diferentes aristas, todos relevaron los pasajes de la charla más relacionados a la coyuntura actual -lo relacionado con el impuesto al cheque, la relación con Cobos y la utilización de reservas-.

Ahora bien, salvo el matutino del Grupo UNO, los demás medios reflejaron también que en un plazo de entre 60 y 90 días, la Nación estará en condiciones de refaccionar todos los registros de documentación del país para que se adapten al nuevo sistema, el cual acorta sensiblemente los plazos para la tramitación del Documento Nacional de Identidad.

Es decir, La Capital obvió en su nota mencionar una noticia que es claramente favorable al gobierno, además de no decir absolutamente nada sobre la planta de producción de los documentos, 100% de caracter nacional y con una inversión 100% del Estado nacional. En cambio, el diario pareció muy preocupado por las fallas del Registro Nacional de las Personas (Renaper) a lo largo del último tiempo (ejemplo 1, ejemplo 2, ejemplo 3, ejemplo 4, ejemplo 5).

Está muy claro entonces de lo que hablo. El “décano de la prensa argentina” mantiene un enfrentamiento con la dirigencia kirchnerista -agravado por la intervención del ministerio de Trabajo y la cobertura de las señales públicas en el conflicto gremial- y por ello decide invisibilizar un hecho por demás importante para la ciudadanía, pero  que claramente no favorece al gobierno.

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Una jornada emocionante

Gentileza RedacciónRosario

Foto: Gentileza RedacciónRosario

Creo haber vivido hace unas horas, uno de los instantes más emocionantes de mi vida. Estar presente en la lectura de la sentencia a los cinco represores juzgados en Rosario fue una de las experiencias que, creo, me marcarán hacia adelante. Estar rodeados de tanta gente querida y amiga, cruzarme con otros tantos que piensan como uno, es reconfortante, sirve para dar cuenta que no todo está perdido, que todavía hay gente que sin dejar de mirar adelante, quiere revisar el pasado y condenar a aquellos que llenaron el país de sangre y dolor.

La media hora de lectura por parte del juez fue increíble. 30 minutos con el corazón en la mano que, aunque sabiendo que lo más probable era que la cosa terminara como uno esperara, se hacían interminables. Escuchar tras cada “perpetua” el aplauso de miles de personas que desinteresadamente se acercaron a la puerta de los tribunales también fue increíble, más fuerte aún cuando se oyó que los cinco iban a terminar en cárcel común, como cualquier hijo de vecino.

Los discursos posteriores, en donde madres, abuelas, querellantes, abogados, familiares, dejaron su testimonio de alegría y de dolor… Fue muy fuerte. Y como dijeron todos, es un paso chiquito nomás, pero un paso al fin. Hay que recordar que hace más de 30 años que sucedieron los hechos, y que recién hoy fueron juzgados, habiendo pasado por medio las bochornosas leyes de punto final y obediencia debida. Hoy, con la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad, existe un argumento más que suficiente para no abandonar la lucha.

Hay que seguir adelante. Pero no como dicen muchos, abandonando la reflexión del pasado. ¿Me pueden decir a quién se le ocurrió pensar que un país mira hacia adelante dejando atrás las cosas del pasado? ¿En qué se basa semejante hijaputez? Hay que ir atrás, cavar hondo y profundo, y hasta que no quede nada. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Hasta la victoria siempre.

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“Lo que Vilamanzano no sabe”, por Osvaldo Bazán

El periodista Osvaldo Bazán publicó a través de su Facebook una nota titulada “Lo que Vilamanzano no sabe”, que tendría que haber salido publicada en la contratapa del diario Crítica ayer sábado. Hecho que, por “esas cosas de la vida”, no se produjo. Es una reflexión sobre el conflicto laboral que vivieron en los últimos días los compañeros de prensa del Multimedios La Capital. Me parece bueno compartirlo a través de este espacio.

Lo que Vilamanzano no sabe, por Osvaldo Bazán

Si me preguntabas cuando tenía 12, 14 años qué quería hacer con mi vida, te contestaba con el slogan entero: “Quiero trabajar en LT8 Radio Rosario, la emisora más importante del interior del país”. Es la época en que el edificio de la radio era una vieja casona en Córdoba 1825, antes del incendio.

En esa edad en que yo quería trabajar en LT8 Radio Rosario, cantaba todo el día el jingle “eleté ocho, ocho, ocho, siempre te escucho mucho, mucho” y estaba todavía en la escuela primaria allá en el pueblo, a 50 kms. de Rosario.
Bajo el pupitre de mi séptimo grado tenía la radio AM y de ahí salía un discreto auricular. Ponía cara de que escuchaba a la maestra, pero lo que aprendía, lo aprendía con LT8. Despacio, ese mundo que creaba la radio fue convirtiéndose en mi Rosa Púrpura del Cairo.

Y quise entrar ahí.

De mocoso ya era molesto así que mi mamá, que una vez por semana tenía que ir a Rosario por trabajo, me tenía que llevar, dejar en la puerta de la radio y pasar a buscarme. Conocí a mis ídolos de cerca. Era un piojo ahí registrando todo, las señas del operador, los amores de la locutora, las anotaciones de los periodistas, todo lo que no salía al aire en medio de la dictadura. Hubo un tiempo en que sabía toda (toda) la programación de LT8 de memoria. Más de treinta años después todavía, si lo pienso, como los fanáticos con las formaciones futbolísticas, me acuerdo de una pila de programas que pasaron a lo largo del tiempo, por la radio del jingle pegadizo sin mirar ningún machete (que además no los hay, porque en los libros de la historia de la radiofonía argentina, estos nombres fundamentales para mí y para millones, no aparecen. Delicias del país unitario). Angelita Moreno con sus madrugadas históricas, las de “Los habitantes del silencio”; “Prohibido Detenerse” con el Dr. David Feldman, el Negro Moyano Vargas, el ínclito Juliovich, Clelia Valmer; el mega éxito “Los Mejores” con algunos de los nombrados más Orlando Malbrán, Pebeto Aramburu, los pininos de Charly Bermejo y Miguel Ángel Tessandori, Oscar Prendes, Oscar Cesini, los juveniles Mirta y Miguel Ángel Andrín, que llegaban de San Nicolás; el automovilismo con Oscar Marino; la tarde imprescindible con Poly Román (responsable de que generaciones de argentinos sean rockeros, seguramente el primer lugar donde sonó la trova rosarina) y su expreso, siempre con Pily Ponce (la viejita más punk de la radiofonía argentina, el día que me confirmaron que iba a trabajar con ella, estuve horas antes de superar la emoción); “Turdo en la tarde” (con Carlos Alberto Turdo que pasaba “A Toi” de Joe Dassin), “Contame una historia” (con una morochita simpática, Adriana Mabel Pardal, que creo que se fue a vivir a España); “Diariamente los diarios”, con el Nacho Suriani que odiaba a Valeria Lynch; esos dos programas que de haber sido porteños hoy se recordarían como gemas fundacionales: “La cueva del tordo” y “De Hiroshima a Watergate”, con la cortina de “Tiempo” de Pink Floyd; Betty Elizalde y sus “Ocho horas de la Ocho”; “¿Quién está triste ahora?” en la noche de los domingos, el brillante encuentro Juliovich/Quique Pesoa. Y claro, las mañanas de Quique bailando con las amas de casa.

Cuando se incendió la radio lloré y no paré hasta que mi vieja hizo una torta y me hice llevar a Rosario para compartirla en las transmisiones precarias que hicieron a la vuelta, en un galpón que le prestaron por la calle Italia, creo.

Pasó el tiempo, empecé a trabajar de “esto” y, lo que son las cosas, trabajé en las tres AM comerciales de Rosario, Radio 2, LT3 y LT8, pero la 8 fue la última. El deseo infantil se me hizo esquivo, pero cabezadura como soy, finalmente conseguí trabajar en la ocho. Antes tuve la suerte de estar en LT3 en el momento de explosión creativa de su FM. Los primeros ’80 la FM3 en Rosario inventó una radio que no había ahí. Gerardo Martínez Lo Re y un grupo que venía de la facultad imaginaron una radio distinta y la hicieron y nos contagiaron a todos. En esa emisora tuve mi primer programa, compartido con Néstor Sclauzero y otros queridos colegas; debe haber sido el programa con peor nombre en la historia de la radiofonía del mundo mundial: “Manías…sin almidón”. Hay una justificación, éramos dos grupos, uno votó “Manías”, el otro “Sin almidón”. Y como era el ’84 y rebosábamos de democracia, le dejamos los dos. No puedo acordarme si voté por “Manías” o por “Sin almidón”.

Finalmente, como tiempo al tiempo, entré a trabajar en LT8. Participé incluso del lanzamiento de su FM, la Cien, dirigida por Nachito Suriani. Tanto tiempo pasaba en la radio que un pequeño patiecito interno de 0,50 por 2 metros fue bautizado con mi nombre: “Patio Osvaldo Bazán”. Fue la gloria. Las tardes con Carlos Del Frade, las noches con Pili Ponce. Fui feliz en LT8. Y escribí para Nacho Suriani un programa que se llamaba “Vueltamanzana”.

Me recibí de periodista en las calles de Rosario, en los estudios de radio de Rosario, en las redacciones de Rosario. Por eso no es raro que mi primera computadora haya sido comprada gracias al Sindicato de Prensa de Rosario, que al final de los ’80 hizo un plan para que todos pudiéramos tener una.

Me vine a Buenos Aires y seguí trabajando para la radio de Rosario. Salí todas las tardes desde acá. Hasta que un día me dijeron que Vilamanzano había comprado la radio. Y la 3 también. Y que se habían quedado con La Capital también. Y un día me dijeron que me echaban de la radio. Que la reestructuración, que para qué querían un tipo en Buenos Aires. Sentí perder la última conexión con Rosario. Era el año 2005.

Vilamanzano instaló el gris en los medios rosarinos. El diario tradicional, ése en cuyas columnas según Fito se cantaban los goles el lunes cambió su formato y empeoró. La ocho dejó de ser la más importante del interior del país. La tres también. Raro, algunos de los mejores periodistas que conozco están en Rosario. Los medios en los que trabajan no están a su altura.

Vilamanzano quiso decidir la vida de más de 20 periodistas. Creyó, sonsito, que LT8, LT3, el diario La Capital, le pertenece.

Pero Vilamanzano no sabía que había una historia. No le nombres Angelita Moreno, no sabe de qué estás hablando. Vilamanzano es ese pequeño sabandija que se hizo rico porque nada lo frena. Por eso creyó que se podía llevar todo por delante. Pero el pasado es real, no decolora, no se desintegra.

Cuando imprimieron, la semana pasada, lejos de Rosario unas paginitas berretas y quisieron venderlas como si fueran La Capital (como si un diario no fuera su gente, como si las paginitas las pudiese llenar cualquiera), los periodistas –esos que últimamente somos tildados de mercenario por cualquier gilito con carné- fueron y cortaron el puente Rosario/Victoria para que no pasen los camiones; salieron de madrugada para convencer a los canillitas que no se pueden vender diarios en mal estado, que son perjudiciales para la salud. Y ahí otra vez me sentí orgulloso de ser periodista, reconfortado pese a tanta campaña que quieren hacer creer que somos esos sátrapas que sólo sabemos vendernos al mejor postor. No todos somos cínicos, no todos somos quebrados, no todos somos venales. No todos estamos en venta, a disposición de los designios privados o estatales.

Vilamanzano tuvo que volver atrás con su pretensión de echar 26 periodistas rosarinos y achatar la dignidad de todos los demás.

Tarde o temprano volveré a mi patio de 0,50 por 2. Gracias muchachos, por cuidarlo tan bien.

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