Una jornada emocionante

Foto: Gentileza RedacciónRosario
Creo haber vivido hace unas horas, uno de los instantes más emocionantes de mi vida. Estar presente en la lectura de la sentencia a los cinco represores juzgados en Rosario fue una de las experiencias que, creo, me marcarán hacia adelante. Estar rodeados de tanta gente querida y amiga, cruzarme con otros tantos que piensan como uno, es reconfortante, sirve para dar cuenta que no todo está perdido, que todavía hay gente que sin dejar de mirar adelante, quiere revisar el pasado y condenar a aquellos que llenaron el país de sangre y dolor.
La media hora de lectura por parte del juez fue increíble. 30 minutos con el corazón en la mano que, aunque sabiendo que lo más probable era que la cosa terminara como uno esperara, se hacían interminables. Escuchar tras cada “perpetua” el aplauso de miles de personas que desinteresadamente se acercaron a la puerta de los tribunales también fue increíble, más fuerte aún cuando se oyó que los cinco iban a terminar en cárcel común, como cualquier hijo de vecino.
Los discursos posteriores, en donde madres, abuelas, querellantes, abogados, familiares, dejaron su testimonio de alegría y de dolor… Fue muy fuerte. Y como dijeron todos, es un paso chiquito nomás, pero un paso al fin. Hay que recordar que hace más de 30 años que sucedieron los hechos, y que recién hoy fueron juzgados, habiendo pasado por medio las bochornosas leyes de punto final y obediencia debida. Hoy, con la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad, existe un argumento más que suficiente para no abandonar la lucha.
Hay que seguir adelante. Pero no como dicen muchos, abandonando la reflexión del pasado. ¿Me pueden decir a quién se le ocurrió pensar que un país mira hacia adelante dejando atrás las cosas del pasado? ¿En qué se basa semejante hijaputez? Hay que ir atrás, cavar hondo y profundo, y hasta que no quede nada. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.
Hasta la victoria siempre.

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