Tenía ganas de volver a escribir a propósito de los festejos del Bicentenario, pero lo que viví hoy a la mañana fue más fuerte y determinante. Paso a comentarlo.

Se presentó en la sede de Fundación Libertad (para quienes no son de Rosario, o no están al tanto, es una organización que defiende el pensamiento neoliberal a rajatabla) el Índice de Calidad Institucional (ICL) 2010, en el cual se evalúan -ya se verá cómo- distintos componentes políticos y económicos que hacen a un país, y a partir de allí se elabora un ránking, en el cual Argentina se encuentra en el puesto 120, sobre un total de 192 naciones.

Entrevista de rigor, y Martín Krause, el director de la entidad que hizo el ICL, me explica qué es lo que se toma en cuenta para hacerlo: “Se tienen en cuenta elementos tales como la vigencia del derecho, el funcionamiento de la democracia, la corrupcion, la libertad de prensa, la facilidad para hacer negocios, la libertad economica y la competitividad del país a nivel global, entre otros”.

Bien, hasta ahí todo bien, obviamente teniendo en cuenta que habrá que ver qué se quiere decir con, por ejemplo, “libertad de prensa” o “facilidad para hacer negocios”. Pero bueno, cada cual con su opinión.

Ahora, cuando pregunto sobre algún ejemplo concreto en el que se vislumbra la tan pésima posición de Argentina en el mundo, Krause aduce el “conflicto” por las importaciones con Brasil, que, tal como fue el supuesto cierre de las exportaciones de carne, se trató de una operación de prensa del multimedio para favorecer intereses sectoriales por encima de los nacionales. La misma Cristina Fernández viajó hacia aquél país la semana pasada, se reunió con Lula y dijo “no hubo ni habrá ningún freno a las importaciones”.

Otro de los ejemplos fue el conflicto que surgió a raíz del cierre temporario de las exportaciones de aceite de soja a China, que gracias a gestiones realizadas por Cancillería, no prosperaron, y sigue siendo hoy día nuestro país el principal cliente para el gigante asiático.

Es decir, los dos ejemplos puestos en consideración carecen de acidero en la realidad. Uno nunca llegó a existir y el otro fue resuelto en menos de 15 días, sin ningún tipo de consecuencias para el sector granario nacional. Entonces digo, ¿es confiable este ICL?

Para responder esto, Krause afirma que su ICL está cruzado con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas, una medida comparativa de la esperanza de vida, alfabetismo, educación y niveles de vida de todas los países que integran la ONU. Pero valla paradoja: en el ránking que hace Naciones Unidas, Argentina está entre las 50 mejores, ocupando el puesto 49. Por otro lado, ninguno de los países que están entre los cinco mejores del ICL, ocupan una posición similar en el IDH. ¿Entonces?

Sinceramente, no dudo de la honestidad intelectual del personal que elaboró el ICL, pero tenemos que saber que cuando se habla de “calidad institucional”, el ojo que lo mide es absolutamente subjetivo, y lo hace a partir de los intereses personales o sectoriales a los cuales representa (en este caso, el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina -CIIMA-).

En su sitio web, CIIMA se presenta como una institución cuyo principal objetivo es difundir la importancia que tiene la libertad de mercado “para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”.

No más preguntas, señor Juez.

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