35572_441792830725_203618305725_6232868_1756161_nAclaro antes de empezar: estoy 100% a favor del matrimonio gay (y lo llamo así simplemente porque de esa manera se ha instalado en el debate público, porque me parece más feliz llamarlo “matrimonio igualitario”), por lo que quien espere encontrar en este texto algún elemento contrario a la ley que fue aprobada en Diputados, no lo hará.

Es curioso como una y otra vez, a lo largo de la historia, la Iglesia se ha manifestado en contra de la evolución de muchos derechos civiles. Lo decía Víctor Hugo Morales ayer en su programa de radio, lo mencionaba algún periodista que no recuerdo esta semana: cuando fue el debate por la ley del divorcio (sin duda: uno de los avances más importantes que se produjo en la era alfonsinista), se decía que era “el fin de la familia”. Increíble.

¿Qué quedará para decir entonces del pedido de perdón que realizó la Santa Sede en 1992 hacia Galileo, nada más ni nada menos que 376 años más tarde de haberlo condenado por hereje? Perdón, me fui de tema. Pero quería decirlo.

“El fin de la familia”. ¿Qué familia? Desde distintos ámbitos académicos se ha marcado la evolución que han vivido estos sistemas, donde ya el padre no es el núcleo que todo lo puede, y la mujer que nada hace, y los hijos que obedecen, o demás mandatos que parecen venir desde la Edad Media, pero que algunos se atreven a defender. ¿En dónde está escrito que una familia se compone por un padre, una madre y sus hijos? Tal vez en un gran número de libros lo está, pero estoy seguro que habrá otros donde esté integrada de otra manera. ¿Y por qué se le debe dar mayor atención a una teoría que a otra?

Como nadie elige su familia, pienso que nadie debe elegir la familia de otro. Cuando escucho los pobres y tristes argumentos en contra de la ley que está siendo debatida en el Congreso, considero que son personas que no piensan. Lo digo sinceramente, y se que ese argumento es más pobre aún que el de ellos, pero es que no me entra en la cabeza la idea de que una persona pueda atreverse a emitir opinión sobre “cómo crecerá el niño en un ambiente homosexual”, con lo azarosa que es la existencia humana.

Sobran los ejemplos de homosexuales que han crecido en ambientes heterosexuales (la mayoría indudablemente). Entonces, siguiendo esa teoría: sobrarán los ejemplos de heterosexuales que crecerán en ambientes homosexuales. ¿A dónde está el problema? ¿O acaso los ambientes heterosexuales no fueron los que engendraron las grandes bestias que le han causado tanto mal a la Sociedad? Desde Videla hasta Hitler, por poner ejemplos contrapuestos desde el punto de vista geográfico, todas esas personalidades que han marcado la historia del mundo han sido concebidos con padres y madres. ¿Y?

Otra cuestión: en su gran mayoría, los hombres y mujeres homosexuales demuestran un respeto por la vida y por los derechos del otro infinitamente mayor que el de muchos heterosexuales. Entonces digo que bienvenido el mundo de los homosexuales, el mundo será muchísimo mejor. Tal vez sea muy exagerado ello, pero de seguro que estará lejos del apocalipsis que profesan algunos.

No tengo demasiado para agregar. Simplemente quería sumar una humilde opinión, para ayudar al debate, para lograr que la Sociedad avance, en una oportunidad única que tiene el país para dar un salto cualitativo hacia adelante, en la lucha por lograr una ciudadanía más libre e igualitaria en la Argentina.

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