Sobre por qué no salió La Capital en el día de la fecha (01/04/2010)

lacapitalsinnadaEn algún kiosco de diarios en Rosario…

- La Capital, por favor.

- No che, hoy no salió.

El pequeño diálogo podría repetirse en más de un punto de la ciudad, así como también en otras localidades aledañas, donde el matutino tiene llegada mayoritaria. Sin embargo, es probable que el asiduo lector del “décano de la prensa argentina” no se entere de los motivos por los que justamente se llegó a no editar la edición de hoy, jueves 1º de abril de 2010.

En un hecho inédito para la ciudad (no recuerdo que haya sucedido algo similar en los últimos años, ayudénme a pensar en todo caso), los trabajadores del diario decidieron sumarse al paro en solidaridad con los compañeros despedidos de las radios LT3 y LT8, que forman parte de la misma empresa, el Grupo UNO Vila-Manzano.

La decisión fue el corolario de lo sucedido en las últimas 48 horas, cuando tras arduas negociaciones, la empresa no acató la conciliación obligatoria dictada por el ministerio de Trabajo provincial, que implicaba dar marcha atrás con los telgramas de despidos emitidos el pasado lunes, que desembocaron en manifestaciones encabezadas por el Sindicato de Prensa de Rosario (SPR), tanto en la sede de las dos radios AM afectadas como en Sarmiento al 700, donde se aloja la redacción de La Capital.

Que no haya salido el diario esta mañana es el corolario de una situación que ya es crónica en gran parte de los medios, no sólo locales sino también nacionales, que consiste en una arrogancia desmedida en los dueños de las compañías, que se creen muchas veces dueños desus empleados, obligándolos a trabajar por encima de lo normal, sin pagarles lo correspondiente, trabajando horas extra sin ver un peso, estirando el pago de sueldos a más no poder, precarizando la situación de muchos hasta límites increíbles.

Actualización 13:00 hs: según publica el sitio Punto biz, aparecieron en algunos quioscos del microcentro, una edición off shore de La Capital, de tan sólo 32 páginas.

“Se trató de una edición reducida, elaborada desde las redacciones de los diarios Uno, localizadas en Santa Fe, Paraná y Mendoza, e impresa en la ciudad de Buenos Aires. Es un hecho inédito en los 142 años de historia del matutino”, refleja el portal de economía y negocios.

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¿Porque necesitamos la nueva ley de medios? (III)

Me decidí a volver a escribir porque creo que más allá de la poca o mucha repercusión que puede tener este espacio, simplemente suma, y eso es importante. Máxime cuando existe en la ciudad de Rosario un cerco informativo en algunas cuestiones puntuales, como lo que está sucediendo por estas horas, cuando impúnemente el Grupo UNO Vila Manzano, propiedad de Daniel Vila y José Luis Manzano, envió más de 20 telegramas de despido.

Entonces digo -y ahí la primera respuesta a la pregunta del título-, necesitamos que se afirme y se concrete la nueva ley de medios porque así el abanico de voces será muchísimo mayor al actual, y todas las noticias, así convinieran o no a los empresarios de turno, podrían ser difundidas sin ningún tipo de velo.

- Para, para, ¿qué carajo tiene que ver la nueva ley de medios con los despidos? Podría decir algún despistado.

En la ciudad de Rosario, los medios más “importantes” (me refiero a audiencia sobre todo, pero también en cuanto a tradición y presencia) se encuentran en muy pocas manos. Vale decir:

  • El Grupo UNO Vila Manzano posee el diario La Capital, las dos radios AM en conflicto -LT3 y LT8- y una de las FMs con mayor llegada, Estación del Siglo.
  • El Grupo Gollán, propiedad de Alberto Gollán (quien fuera intendente de Rosario durante la dictadura de Lanusse), tiene Canal 3 y Radio 2.
  • Orlando Vignatti, quien es socio minoritario en el Grupo UNO, es dueño del diario El Ciudadano.

¿Qué queda al margen? Canal 5, que es subsidiaria de Telefé, y no mucho más: luego existen otras radios FMs con menor entrada, pero básicamente ese es el mapa de medios de nuestra ciudad.

A esto hay que agregarle que los dos portales más visitados de la región, Lacapital.com.ar y Rosario3.com, son propiedad de los mismos grupos con mayor entrada: Grupo UNO y Grupo Gollán, respectivamente.

Entonces, ¿cuál es el panorama? El Grupo UNO, intempestivamente y sin invocación de justa causa, decide echar a más de 20 trabajadores de prensa en la ciudad, tanto aquellos que se encontraban blanqueados como quienes estaban precarizados. Desde ninguno de los medios más importantes de la ciudad se dio a conocer esta situación, sólo medios digitales con menor entrada en la población en general, como Redacción Rosario o el blog Señales, pueden dar cuenta de qué es lo que está sucediendo. Amén de los medios capitalinos, que generalmente no prestan atención a estos problemas, como cuando sucedió algo similar en LV2 de Córdoba.

Entonces digo, uno puede manifestarse a favor o en contra del actual gobierno nacional (lo que lamentablemente, por la teoría de Amigo/Enemigo de Carl Schmitt, termina posicionando a las personas en cuanto a su posición con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual), pero no puede negar que la actual composición mediática en Rosario es completamente anti democrática. Necesitamos la aplicación de la norma aprobada el año pasado, y que hoy se encuentra momentáneamente suspendida por una serie de fallos judiciales.

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La militancia universitaria en su laberinto

Por Juan Chiummiento

El pasado 9 de noviembre se cumplieron dos décadas de la caída del Muro de Berlín, símbolo máximo de la Guerra Fría. Detrás de este hecho, también sucumbió el sueño del socialismo real, erigiéndose el capitalismo como el único sistema posible en un mundo trazado por la doctrina neoliberal. Con el “fin de la utopías”, como alguna vez supo escribir el italiano Claudio Magris, desaparecieron las ilusiones de un mundo mejor y más justo, banderas que durante los sesenta y los setenta eran levantadas por jóvenes alrededor de todo el globo. En nuestro país, la universidad representaba ese punto neurálgico donde confluían los deseos revolucionarios: estudiantes de todas las clases acompañaban al movimiento obrero en pro de cambios reales en la sociedad, con la figura del Che como icono inigualable de esa rebeldía.

Cuarenta años después del “Cordobazo”, suceso insignia de esos años de lucha, la situación es completamente diferente: la militancia universitaria acapara sólo a un puñado de estudiantes, las asambleas en las facultades apenas alcanzan el centenar de asistentes y su accionar político difícilmente trasciende las fronteras externas. Lo cierto es que la coyuntura no ayuda demasiado. Con el “no te metas” del neoliberalismo y el “que se vayan todos” de 2001 como frases todavía presentes, las agrupaciones políticas son poco atractivas para cobijar las necesidades de las nuevas generaciones.

De todas formas, la militancia no ha dejado de existir. Sobrevive hoy un núcleo de estudiantes que obstinadamente persiguen la utopía de “transformar la realidad”, aunque sus objetivos están centrados en la política reivindicativa universitaria. Ante este duro contexto, ¿cuáles son los desafíos actuales de esta militancia?

Joaquín Olivera tiene 24 años y es el presidente de la Federación Universitaria de Rosario (FUR). Oriundo de Chaco, dice que “nació militando”, aunque su primer registro lo traslada a 1995, a la campaña que lo coronó gobernador a Ángel Rozas. “En realidad, yo estaba en el partido de Alfonsín. Después me enteré que era el radicalismo”, cuenta quien en 2005 inició actividades en la agrupación Franja Morada de la Facultad de Humanidades.

Olivera dice no entender otra forma de vida que no sea ligada a la militancia. “¿Qué hacen los chicos a la tarde? ¿Van al parque? No lo sé. Yo si no tengo que estudiar, no se qué hacer”, sintetiza. Cuando se le pregunta por los principales reclamos, no vacila demasiado: “En primer lugar mayor presupuesto universitario. Y luego hay otros, como el medio boleto o más plata para investigación”.

Con los objetivos sobre la mesa, queda claro que el eje del accionar estudiantil dista mucho de lo que sucedía antaño. Así lo entiende también el diputado provincial Gerardo Rico: “La militancia es hoy el eje de la política universitaria. Sacando los más politizados, la mayoría están centrados en estrategias reivindicativas puertas adentro, como si la universidad fuera una isla dentro del contexto nacional del país”, afirma el legislador perteneciente al bloque del Frente para la Victoria.

Para Zulema Morresi, titular de la cátedra de Filosofía Política en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), la situación es muy preocupante. Según su visión, la militancia hoy se juega “entre el ofrecimiento de servicios y su revés: ganar votos. Existe algo de pasión, pero más como forma de pertenencia a un grupo de contención que a otra cosa”.

Aunque el panorama parece claro a la luz de los acontecimientos, algunos no coinciden con esa visión que deja a la militancia universitaria con pocas posibilidades de acción externa. Uno de ellos es Nicolás Rufine, presidente del Centro de Estudiantes de la misma facultad. Para él, la militancia vive un proceso de transformación, ya que justamente hay muchísimas personas desarrollando actividades “en otros territorios”, como por ejemplo en la resistencia que están realizando junto a una decena de familias en el predio de Ituzaingo 60 bis.

“En realidad, el desafío nuestro pasa por ser más creativos. Los estudiantes te manifiestan que la política es una cosa aburrida y sucia, algo que se heredó de la corrupción menemista y alfonsinista, y los partidos han generado una lógica de clientelismo que tenemos la obligación histórica de desandar y re configurar”, opina Rufine, que responde al frente de izquierda conformado por las agrupaciones Santiago Pampillón y Alde.

Dos grandes responsables

A la hora de señalar las causas que llevaron al escenario actual, los consultados no anduvieron con demasiadas vueltas: todos coinciden en resaltar las nefastas consecuencias de siete años de terrorismo de Estado y casi veinticinco de doctrina neoliberal.

La profesora Zulema Morresi afirma que el desplome de la militancia se explica por “el terrorismo de Estado, que derrumbó la ilusión de construir una sociedad mejor y mostró la contundencia de la represión”. Paralelamente, la docente opina que la implementación de modelos neoliberales “hicieron entrar el marketing en la política, donde todo se negocia, produciéndose el desprestigio del discurso político”.

Similar visión presenta Héctor Cavallero, viejo militante del socialismo. Para el ex intendente, además del neoliberalismo –“que enseñó a despreciar las ideologías”- existe otro fenómeno que juega un rol muy importante, la denominada sociedad de consumo. “Ahora la gente vive detrás de metas individuales, ya no pasa por ser más, sino por tener más”, afirma.

Cavallero fue uno de los adherentes en la creación de la Agrupación Pueblo y Reforma Indoamericana (Apri), una de las organizaciones precursoras del Movimiento Nacional Reformista (MNR) en la Facultad de Medicina. Casi medio siglo más tarde, analiza aquellos años: “Existía una efervescencia que de alguna manera obligaba a los estudiantes a militar. La Revolución Cubana de 1959 y la erupción de los movimientos de liberación nacional motivaban mucho y existía la utopía de la revolución, inclusive de una manera exagerada. Con la destrucción de esa posibilidad, simbolizada con la caída del Muro de Berlín, se fue desmoronando el sueño de que la revolución se podía hacer”.

Así, de aquellas fantasías sesentistas y setentistas sólo quedan los recuerdos. La sangre derramada por la dictadura dinamitó la vida de millares de jóvenes que luchaban por un mundo mejor. La primavera alfonsinista, que despertó algunas ilusiones, duró menos de un lustro, esfumándose al poco tiempo. Finalmente fue la década menemista y su Dios mercado quienes se encargaron de sellar un final doloroso, pero previsible.

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Tengo miedo nene! (II)

Por si alguno no sabía, el pasado fin de semana terminó el Pepsi Music en Buenos Aires. Todo muy lindo salvo por un detalle: el gobierno de Macri obligó a bajar el volumen hasta niveles inferiores al del canto del público. Increíble pero real. Una pequeña muestra de lo que PRO puede hacer. Por suerte todavía no nos invadieron.

Hace un tiempo había escrito un post en el que mostraba mi preocupación por el avance de la derecha en la política. Creo que no me equivocaba demasiado, ¿no?

Dejo una nota del Página/12 de hoy que refleja el pensamiento de muchos.

Suban el volumen, por Eduardo Fabregat

Lo sucedido este fin de semana en el festival Pepsi Music plantea una batalla que el rock no puede dejar de dar. A pesar de ser desestimada por el juez de turno, la denuncia de una señora que vive a varias cuadras del Club Ciudad provocó que los inspectores del gobierno obligaran a la productora Popart a bajar aún más el volumen, hasta un nivel en el que los cánticos del público resultaron más poderosos que lo que salía del Public Address. El hecho podría calificarse como curioso, pero la palabra que más le cabe es peligroso: la decisión de trasladar los grandes festivales a varias cuadras de Avenida del Libertador fue un gesto de buscar la convivencia, de permitir la expresión artística, afectando lo menos posible a los vecinos. Pero ni el buen vecino ni la administración Macri parecen dispuestos a otra cosa que a bajarle el sonido al rock, ponerle mute, acorralarlo un poco más. La histeria post-Cromañón llevó a clausuras generalizadas que redujeron sensiblemente los medianos y pequeños lugares de trabajo de los músicos. Ahora van también por los grandes.

Mauricio Macri, tan amante de las patéticas imitaciones de Freddie Mercury en sus fiestas, tan preocupado en el foro nacional por la libertad de expresión, no tiene ningún empacho en atropellar en su feudo la libertad, el derecho, el volumen de expresión de los artistas de rock. El género siempre fue molesto para la sociedad más occidental y cristiana: esta preocupación por el volumen es una efectiva manera de recortarle las alas, reducir su poder de convocatoria (¿quién no pensaría dos veces pagar una entrada sabiendo que va a encontrar un sonido insatisfactorio?), obligar al susurro su capacidad de gritar inconveniencias. Esta administración posó de cool poniéndole el brazalete Say No More al Obelisco, pero sus acciones están mucho más cerca del anillo milico de “El silencio es salud”. Quizá necesita ese silencio para poder escuchar mejor las pinchaduras de teléfonos.

El domingo por la noche, en la carpa de prensa del Club Ciudad, Roberto Costa apuntaba su frustración por encontrarse en la posición de que el público se sintiera estafado, y echaba justificados rayos y centellas contra los funcionarios y su arbitrario poder de clausura. El productor debería andarse con más tiento: podría pasar por allí algún inspector quisquilloso que interprete eso como uso indebido de pirotecnia y le cierre el boliche.

Los fachos de siempre quieren imponer el silencio. Es hora de pegar un par de gritos.

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En el fango alguien plantó una flor…

Ska-P – El Libertador

Entre miseria, hambre y desolación, en el fango alguien plantó una flor
Un tal bolívar, le dicen el libertador, el libertador

Gritos de justicia, tierra y libertad vuelven a resonar en sudamérica
Ha comenzado una nueva revolución y esta vez avanza con convicción

Reforma agraria y justa redistribución, sanidad, cultura y buena educación
Respeto y dignidad al indígena, al indígena

Socializar y ¡¡no a la privatización!!, mejoras laborales “pal” trabajador
Lo que la tierra ofrece es de la población, contra la oligarquía y el explotador

Una guerra de medios manipula la verdad
Enséñale los dientes a la cara al tío sam
Sin dar un paso atrás.

Adelante comandante, ponte al frente con honestidad
Comienza a amanecer en latinoamérica
Paso firme hacia delante, pisa fuerte con rotundidad
Cuando un pueblo se sabe organizar
Es un pueblo sabio y libre

Oh oh oh oh! lejos de la perfección
Se avanza al caminar cuando se tiene ilusión

Una guerra de medios manipula la verdad…

Adelante comandante, ponte al frente con honestidad…

Oh oh oh oh! aires de rebelión en latinoamérica
Oh oh oh oh! tiempo de transición en toda américa

Adelante comandante, ponte al frente, comandante
Oh oh oh! de latinoamérica
Paso firme hacia delante, pisa fuerte, comandante
Oh oh oh! en latinoamérica.

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Fabbri cuenta la verdad de la relación Clarín-Aguilar

Alejandro Fabbri y José María AguilarHay una frase conocida entre los hinchas de River Plate que dice: “100 años de gloria, 8 de Aguilar”. Creo que ahí se refleja perfectamente el sentimiento de muchos fanáticos que ven, domingo tras domingo, como el club más grande del país se cae a pedazos y cada vez juega peor. Pasan técnicos, pasan jugadores, pero lo que no pasa es el presidente que es el principal responsable de esta debacle.

Lo que resulta extraño (bah, para nada extraño en realidad) es que en los principales canales deportivos casi ni se hable de Aguilar y su séquito. Apenas si de vez en cuando aparece al aire (cada vez menos), pero de ahí en más la cosa no avanza. Aunque todos sospechamos el porqué de esta situación, quien mejor que Alejandro Fabbri, reconocido periodista de TyC Sports para confirmar los rumores.

En una charla en la Universidad de Buenos Aires, reconoció que desde la gerencia del canal (que está comandado empresarialmente por el Grupo Clarín -tiene el 50% de las acciones, el restante es de Torneos y Competencias) existe una orden: no mencionar el nombre Aguilar. “Se puede decir que Macri es homosexual, pero de Aguilar ni una palabra”, dijo.

El audio pertenece al programa “Deportivo Fútbol Show”, que va los lunes de 1 a 4 de la mañana por AM 740 Cooperativa. Se los dejo.

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La lección Dolinesca de cada día

En su programa radial “La Venganza” de anoche mismo, Alejandro Dolina, ante el mensaje de una oyente, se expidió con vehemencia sobre el Maradonagate. “Una oyente dice: ‘Estimado Dolina, ¿ya no defiende más a Maradona? ¿O acaso ya no hay ningún Sargento Cruz? Vea: Ud. ayudó a alimentar al monstruo que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial. Cordialmente. Ingrid Hammer’”, comentó Dolina.

Y prosiguió: “Mi respuesta es SÍ. Yo he resuelto -después de un extravío- bancar a Maradona en esto. ¿Sabe por qué? Por personas como usted. La indignación burguesa que sucedió al exabrupto de Maradona fue totalmente patética y asqueante. Un mundo totalmente hipócrita, el mundo de la radio, donde se escucha eso mismo que Diego dijo bajo emoción violenta, pero libreteado (y en la televisión ni hablemos), ese mundo se indignó. Esos tipos se indignaron. Y esa indignación burguesa me hace ponerme inmediatamente en la vereda de enfrente.

“Y lo que un tipo dijo, obnubilado por el momento, por la emoción, por su propia historia, y por su propia condición, después fue repetido ad nauseam por todos los noticieros, con subrayados, subtitulados, duplicaciones, ampliaciones y circulación por Internet, por tipos que no estaban ni obnubilados, ni en estado de emoción violenta, ni perturbados por ninguna cosa, sino que lo planearon diecinueve mil veces. Esos tipos ahora se ponen en la superioridad moral de preguntarme a mí si lo defiendo a Maradona. Bueno, sí, lo defiendo. Si es contra ustedes, lo defiendo. Lo defiendo totalmente.

“Y eso de ‘que tan bien nos hace quedar ante la prensa mundial’… ¡Cipayos provincianos que quieren quedar bien con sus supuestos amos europeos! ¡Yo no tengo ningún interés en quedar bien ante la prensa mundial! ¡No es ésa nuestra obligación! ¿Qué tenemos que quedar bien ante nadie? ¿Ante quiénes? ¿Ante gobiernos que aniquilan a sus enemigos? ¿Ante quién tenemos que quedar bien? ¿Dónde esta la Fiscalía del Universo? ¿Dónde está la reserva moral de la Humanidad? ¿En Estados Unidos? ¿En Europa? ¡Déjeme que me muera de risa, Ingrid Hammer!

“Y otra cosa: muchas veces, pero muchas, en los medios se dicen cosas muy interesantes. Yo he escuchado casi revelaciones, a veces, dichas por tipos a los que yo admiro mucho. A veces son intelectuales, como, no sé, el finado Casullo, o Dubati, o José Pablo Feinmann, tipos que realmente tienen un pensamiento interesante. Otras veces son artistas, o incluso locutores, del calibre de Larrea, o de Carrizo, tipos que por ahí dicen cosas que te hacen decir “pero mirá que bien pensó éste”. Bueno, a esos NUNCA, nunca los vi duplicados en los noticieros, con subtitulados y subrayados. No los vi nunca porque a esta gente no le interesa el pensamiento ni la inteligencia, le interesa la BASURA. Y entonces Maradona dice esto y ellos lo repiten ciento diez mil veces. Eso es un asco.

“Así que ¿a qué jugamos? ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de indignarse, de enojarse y de sorprenderse? Lo dice un Senador de la Nación, y es un piola. Lo dice Maradona, y aparece todo el racismo, todo el desprecio por los pobres, aparecen los de siempre, los muchachos de siempre, a indignarse: ¡oh, la cultura! ¡Nuestro embajador! ¿Qué embajador? Es Diego Maradona, viejo. Los que tienen que ser cultos son ustedes, no él. Él tiene que dirigir la Selección de Fútbol, y si lo eligieron a él, bueno, es ése, y no Pancho Ibáñez.

“Así que sí, lo defiendo a Maradona. Ante usted lo voy a defender siempre”.

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¿Porque tenía que cambiar la ley de radiodifusión? (II)

Hace un par de días, cuando todavía no tenía fuerza de ley el proyecto de servicios de comunicación audiovisual, escribía unas líneas sobre el porqué de una nueva norma que reemplace a la vieja de la dictadura. Hoy en el suplemento Cash del Página/12 apareció una nota que me pareció muy ilustrativa para hacer un segundo capítulo de esa historia. Se las dejo.

Medios y riesgo país, por Ricardo Aronskind


No cabe duda del valioso aporte que han realizado las ciencias de la comunicación a la comprensión de los hechos sociales. Entre otras cosas establecieron que quienes reciben un mensaje de los medios no son simples cabezas vacías, a ser “llenadas” a voluntad por los medios de comunicación masiva. Así, contribuyeron a complejizar el fenómeno comunicacional alejando la tentación de un conspiracionismo primitivo. Lamentablemente a partir de aquella constatación, algunos avanzaron hacia una conclusión opuesta, igualmente fantástica: no sólo que los medios no nos llevan de las narices adonde se les plazca, sino que los mensajes son recibidos por una suerte de “ciudadano culto e informado”, que desmenuza el mensaje y los reelabora críticamente. Para pensar la importancia de los medios en materia de su capacidad de creación de escenarios colectivos resulta ilustrativo elaborar un caso concreto. Hubo un experimento casi perfecto. Lo ocurrido en 2001 en Argentina. Hubo una vez una cosa que se llamó riesgo país. Aclaro, ante todo, que he constatado entre los más diversos públicos no especializados en economía, que casi nadie supo ni entendió qué era el “riesgo país”. Pero lo que sí percibieron perfectamente es que se trataba de algo grave. No grave. Gravísimo. Y que introducía una premura extrema en la necesidad de que el Gobierno tomara decisiones económicas para que el “riesgo país” no siguiera agravándose. El Gobierno tenía que actuar para calmar al riesgo país. Y el riesgo país no daba tregua. Subía cada día más, empeoraba constantemente. ¿Cómo se sabía? Porque los medios incesantemente, sistemáticamente, insistían con la gravedad de lo que estaba sucediendo –como si eso tuviese un significado unívoco–, realidad “objetiva” que era captada por esa “medición científica” llamada riesgo país. Riesgo país mañana, tarde y noche, junto con la temperatura y la humedad. “Información” que incluía la posición de Argentina en la tabla mundial de riesgo país. Ese indicador había superado el de Nigeria. Eso significaba algo definitivamente grave.

Vale aclarar que el riesgo país es una expresión financiera que alude al peligro que hay –para los acreedores financieros– de que dicho país no pueda cumplir con sus pagos de deuda externa en tiempo y forma. Pero, ¿todo el país estaba angustiado por la suerte de nuestros acreedores? Si y no. Seguramente había un gran malentendido, y lo que el común interpretaba como riesgo país distaba de los problemas de los financistas. Sin embargo, la expresión provenía de estos últimos y reflejaba sus intereses. ¿Cómo ocurrió esto? Lo primero que aparece con claridad es que sin incorporar al análisis el comportamiento de los medios masivos de comunicación es imposible entender este hecho relevante de aquella coyuntura política y económica. Había suficientes problemas que aquejaban al argentino de a pie como para que éste –además– se angustiara por sus acreedores. Pero fue así.

En la agenda excluyente de la Argentina del 2001, el capital financiero inscribió el único tema público relevante en serio: cómo hacer para cumplir con los pagos de la deuda externa, a costa de lo que fuera. Los grandes medios lograron transformar esa preocupación de los acreedores –que Argentina pague– en angustia cotidiana de todos. Muchos cuya situación laboral y profesional se deterioraba aceleradamente comenzaron a indignarse porque las autoridades no satisfacían rápidamente las demandas de “los mercados” para que el riesgo país amainara. Así, las insólitas leyes votadas a contrarreloj en aquellos meses de agonía de la convertibilidad, todas ideadas para satisfacer las demandas de los prestamistas de la Argentina, tuvieron el envión suplementario de una parte de la opinión pública que suponía o prefería pensar que el “riesgo país” era algo que reflejaba sus propios problemas. Ignoro cómo se generó un mecanismo de desinformación mediático tan espectacular. Probablemente para una explicación definitiva haya que rastrear la propiedad de los principales medios, y su relación con grupos económicos y financieros; también la ideología de los comunicadores más conocidos y quienes solventaban sus programa, y hasta los importantes niveles de ignorancia de muchos otros comunicadores-repetidores que se dedicaban a “informar” del riesgo país y a reiterar los argumentos creados por los “líderes” de opinión. Lo cierto es que buena parte de la ciudadanía fue objeto de una maniobra de manipulación descomunal, en la cual los mercados financieros parecían compartir las mismas metas económicas que los sufridos argentinos, y donde los políticos eran el único obstáculo para que se resolvieran todos los problemas.

Esta deformación grosera, brutal, de la realidad, no fue la única desde el reinicio de la democracia. Pero en este caso el bombardeo mediático fue tan intenso y concentrado que puede ser estudiado como un modelo en el que el poder comunicacional puesto al servicio de los intereses más concentrados supera la capacidad colectiva de elaborar la propia realidad y sacar sus propias conclusiones. La concentración mediática sigue siendo un riesgo para el país, y especialmente para los intereses de sus desprotegidos habitantes.

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Muy, muy cerca de cumplir un sueño

Recién estuve en la puerta de Radio Nacional Rosario, en la peatonal Córdoba, apoyando al proyecto de ley que hoy el Senado aprobará, con una mayoría amplia, que casi no tiene precedentes en el corto plazo.

Realmente me emocioné. Decenas de organizaciones populares, de esas que jamás tienen espacio en los medios, se manifestaron abiertamente en favor de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Sindicatos, mutuales, ONGs, organizaciones estudiantiles, entre otros, desfilaron en el micrófono abierto, exponiendo sus argumentos del porque de su posición.

Alguno día que hoy era un día peronista, parafraseando a Elías Sojit. No estoy seguro de que sea así, porque hacerlo sería apropiarse de un día histórico de muchos que no son peronistas. Por ejemplo del Sindicato de Prensa de Rosario, que lucha desde hace más de dos décadas por cambiar una ley de la dictadura que amordasa y calla como ninguna otra.

Escuchaba cosas que realmente son increíbles. El 95% de los contenidos de radio y televisión que escucha el total de la población argentina se produce en Buenos Aires, donde viven apenas unas cinco millones de personas. Es decir, me entero de la temperatura en Capital, de los robos en Once, de como anda la mañana en los bosques de Palermo, del quilombo en el tránsito porteño, pero no de lo que pasa a la vuelta de mi casa. Eso sí que es inentendible.

Otro compañero, sindicalista de los judiciales, alababa a la presidenta Cristina Fernández por la iniciativa y la impronta de llevar adelante el proyecto. Me adhiero. Ninguno de los presidentes de la democracia tuvo el coraje suficiente para enfrentarse a los poderosos. En una nota de hace unas semanas en Perfil, Jorge Fontevechia contaba una anécdota de cuando Cristina llegó a la presidencia. Alberto Fernández, por ese entonces Jefe de Gabinete, le recomendaba que tenía que consultar a los CEO de Clarín antes de tomar una decisión de importancia. Palabras más palabras menos, Cristina lo mando a la mierda. No me imagino a Menem haciendo lo mismo.

El año pasado me tocó hacer un trabajo sobre la ley de radiodifusión. Asistí a una charla de Quique Pesoa en donde me entregaron un folleto. “21 puntos para una radiodifusión democrática” decía el título. Planteaba muchas cosas por demás de interesantes, pero la verdad me parecía una total utopía. No creía que fuera posible que las organizaciones sin fines de lucro pudieran tener un espacio en el espectro. A partir de mañana esto puede comenzar a ser una realidad.

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¿Porque tiene que haber una nueva ley de medios?

Moreno y Dora SánchezDos noticias que estuvieron en la agenda mediática del día me dieron nuevas razones para manifestarme a favor de la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual: en primer lugar, el cambio de posición de una senadora correntina en favor de la iniciativa oficial; por otro lado, el “apriete” que habría realizado Moreno en las oficinas de Papel Prensa SA.

En el caso de la legisladora Dora Sánchez, cercana a Julio Cobos, lo que sucedió fue que hasta hoy mantenía una posición opositora a la nueva ley. Luego de evaluar algunas cuestiones, decidió que iba a votar, tanto en el tratamiento general como en particular, de manera positiva. ¿Cuál es el tema aquí? La mayoría de los diarios castigó a la radical con tapas desfavorables, al decir que el kirchnerismo habría comprado su voto con la promesa de asignarle fondos al saliente gobernador Arturo Colombi (cercano a Sánchez) para que pueda cumplir con las obligaciones salariales en su provincia.

La actitud de los medios me hizo recordar a otro hecho: el voto no positivo del vicepresidente en 2008. En ese momento, no hubo una crítica despiadada como la de hoy. Por el contrario, hasta lo trataron de “héroe”, asignándole títulos por demás de positivos. Digo: un tipo que vota en contra de su propia gestión está bárbaro, pero una senadora que cambia de opinión está pésimo. Que loco, ¿no?

El otro tema tiene que ver con la supuesta amenaza del secretario de comercio exterior. Tanto Clarín, como Crítica y La Nación, eligieron justamente el día anterior a la votación en el Senado para retratar un hecho desfavorable al gobierno, cuando el hecho que narran sucedió el 14 de septiembre. Quiero creer que eso no es una operación de prensa. Quiero, pero no puedo.

Por otro lado, todos se centran en los dichos de Moreno y no en el trasfondo de la mixta Papel Prensa, única proveedora del insumo principal de los diarios. La sociedad a la que ahora pertenecen Clarín, La Nación y el Estado tiene una oscurísima historia, con un dudoso traspaso al multimedio más importante del país durante el último período militar.

A lo que voy: los hechos deben contarse desde distintos ángulos, no sólo desde el que le conviene a uno de los factores de poder. Entre otras cosas, la ley que se tratara mañana en la Cámara alta plantea la pluralidad de voces, la división del espectro entre organizaciones sin fines de lucro, el poder público y el mundo privado, para de una vez por todas escuchar las opiniones de todos, y no sólo de algunos.

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